Buenos aires tiene eso de andar detrás de uno como si quisiera atraparle. Sé que te irritaría con facilidad su transporte desbordado y caluroso, su dolor evidente en la cara de los cirujas y los niños que fuman basura para olvidar el hambre y la soledad.
Ando con eso de extrañar con angustia, con intranquilidad. No duermo pensando en las ganas de pasar la noche con un cajón artesanal, una guitarra, varias cajas de cigarrillos y una botella de pisco barato, cantando revoluciones que nos hemos prometido con la inocencia rebelde que nos caracteriza.
¿Te andará tratando bien la vida, amigo? No dejes que te desgaste el corazón con su velocidad, con su inestable andar, con sus ganas de hundirnos en comodidades baratas usando el consuelo de la mayoría. Hay más rebeldía en tu futuro, que en los discursos arqueológicos de los partidos tradicionales obsoletos y desgastados por la incompetencia y las fuerzas incontenibles de la historia. Una historia que no ha terminado, pero sin duda, nos ha determinado.
A esta hora, probablemente, una pareja de amigos escala roqueríos para volver a casa tras una noche de adorables conversaciones, de recuerdos imborrables, de promesas que la vida les impedirá cumplir. La ciudad estará hermosa, jodida y radiante, como la recorrimos incontables veces, la mayoría de ellas... borrachos.
No te angusties, hermano, para ver a quienes amamos en las manos de otro destino tenemos que convertirnos en constructores de destino. Sabes, más que nadie que cuentas conmigo, lucharemos contra los avatares de la cárcel que nos construyeron, con nuestras vidas si es necesario.
Me alegra que tengas con quien caminar este despoblado trayecto. Me llena de felicidad que tengas con quien endulzar los días terribles y grises. Somos necesidad de otro, y una necesidad correspondida, sincera y respetuosa, libertaria y rebelde, es siempre el mejor antídoto para curar la parálisis y el virus del miedo que difunden los defensores del terror y la explotación.
Que el antídoto no se convierta jamás en enfermedad.
Se agranda la familia y, con ello, las alegrías. Que ganas de compartir con ustedes este hermoso momento. Imagino la felicidad, aunque también las nuevas dificultades, que traerán estos procesos en casa. Mis más sinceros deseos para todos.
No desistas, compañero. Ni ahora ni nunca. Cuento contigo. Podrán cambiar las trincheras, las formas y los métodos, las armas y las responsabilidades, pero jamás aceptaré una retirada como respuesta. No permitas que yo lo haga. "Si avanzo, sígueme. Si me detengo, empújame. Si retrocedo, mátame".
Que los días que tengan que venir abran ventanas a la esperanza y a las alegres rebeldías.
Gracias por todo, hermano.
Más temprano que tarde veremos renacer la flor de la dignidad en el corazón de nuestro dolido pueblo. Y si un mal día llega de sorpresa el conformismo y el temor a nuestra casa, siempre habrá quien nos recuerde quiénes fuimos y en qué creíamos.
Un abrazo transcordillerano, hermano
Cuida nuestros sueños en mi ausencia. Volveré pronto para conquistarlos.